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Lejo de ser un programa de asistencia al campesino microfundista, el Modelo cooperativista campesino MUSA es una arquitectura de poder económico de bioeconomía solidaria circular con cuatro eslabones que se refuerzan entre sí:

1) el cultivador microfundista que se asocia en su cooperativa MUSA,
2) la mujer tendera, la famiempresa, la PYME urbana que recibe abastecimiento directo, con sello de frescura y denominación de origen;
3) los hijos que se forman en el Colegio, en el SENA y en los FabLab rurales,
4) y la unión de todas las cooperativas MUSA de Colombia en un grupo empresarial capaz de disputarle al oligopolio agroindustrial la formación de precios y de captar fondos climáticos.

Es, en síntesis, una apuesta por convertir la Economía Circular Rural en un ascensor social y económico con varias etapas, en vista de fortalecer el nivel de ingresos de la UAF, la solvencia del Grupo Cooperativista sino también robustecer la cadena productiva para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de los Colombianos en un marco de adaptación y mitigación al Cambio Climático.

Por último, exigiremos políticas culturales relevantes y ambiciosas como condición de la inversión MUSA: una garantía para que el desarrollo rural sea integral: económico, ambiental y cultural.

El modelo MUSA es una aplicación directa del reconocimiento a valor constitucional del campesinado como sujeto de derechos y de especial protección en Colombia.



1. El cultivador microfundista: de productor policultivista aislado a campesino asociado de su cooperativa agroindustrial MUSA.

En primer lugar, los cultivadores microfundistas representan el 70% de los agricultores en Colombia. Con a pena 1Ha de tierra, y no siempre tan fertíl, 2/3 son mujeres cabeza de hogar.

Todo comienza en la finca, donde el campesinado policultivista suele vender sus cosechas a intermediarios sin poder de negociación, a menudo sumiso ante prácticas desleales de una violencia inaceptable en la Ciudad ("el machetazo" por ejemplo).
MUSA propone agremiar al nivel provincial o intermunicipal a estos tipos de campesinos en cooperativas agroindustriales que operan Puntos de Acopio Locales (PAL) y su propio Ecoparques de Simbiosis Agroindustrial (EPSAI).

Al asociarse, el cultivador deja de ser tomador de precios: accede a infraestructuras, maquinaría mutualizada, servicios de asesoría agronómica agrológico con el cuerpo técnico de la Cooperativa, crédito productivo para tecnificación (riego+mecanización) y, sobre todo, al conocimiento y valorización de los saberes por su cooperativa solvente la cual le garantiza compra justa de sus cosecha.

¿Cómo?

Gracias a la simbiosis agroindustrial. Transformaremos excedentes de cosecha. Adicionalmente, aprovecharemos sobrantes, subproductos como los vástagos, cascarás, tallos, la fruta de rechazo y los residuos agrarios y agroindusriales para los bioinsumos (biofábrica), biomateriales, bioempaques o biocombustibles.

Al procurar una actividad extra en el territorio, la contribución de los cultivadores añade ingresos adicionales por hectárea sin necesidad de más tierra, respondiendo por parte al problema estructural de escala del microfundio, en curso de reparcelarización debido a la desventajosa demografía del Campo colombiano.

2. La alianza con la famiempresa, las PYMES para maquilar desde la huerta y acceder a los mercados locales y globales.

El segundo eslabón conecta esa producción cooperativista agroindustrial campesina con los mercados:

i) de las compras públicas locales;
ii) de las ciudades, en particular con las tenderas de barrio (las llamadas ANITAs), con los comercios agremiados en FEDECOM, FENALCO y demás Puntos de Abastecimiento Solidario.
iii) de las PYME asociadas en maquilas con las Cooperativas MUSA.
iv) de las demás cooperativas.

En lugar de depender de una intermediación que encarece la canasta familiar, la red logística de última milla de las Cooperativas MUSA busca abastecer directamente a estos comercios de proximidad, inclusive asociados a otras cooperativas de tenderos, con productos frescos y transformados a precio competitivo, debido a su cercanía agroindustrial con la huerta.

Esto fortalece a la economía popular, donde la mujer tendera es un agente económica clave de su barrio o de su vereda.

Además de dar un abastecimiento confiable, más estable, el papel final de la Confederación de las Cooperativas MUSA será de formar precios justos para la compra-venta de materias agricolas y por ende de participar en el control la inflación de la canasta familiar en un ámbito cada vez más aspero por la violencia del Cambio climático.

Mientras las cooperativas MUSA ganan un canal de comercialización directa que acorta la cadena de intermediación, los grandes compradores y consumidores se benefician en calidad, en frescura, en variedad de productos alimenticios nacionales y sobre todo en ética de consumo (#ColombianoCompraColombiano).

Así ofrecemos transferir riqueza de los centros urbanos hacia las periferias.

3. Con los "hijos en el SENA y a la U a distancia o en la finca-empresa" : el acceso a la Cultura y la transferencia de saberes, de conocimientos como pilares del empalme generacional sostenible.

El tercer eslabón mira hacia la transformación cultural a futuro.

Los hijos de las familias cultivadoras y tenderas, muchos de ellos aprendices del SENA —en articulación con CAMPESENA— o de los futuros "FabLab rurales" que las cooperativas MUSA deberán impulsar como espacios de tercer lugar conectadas con su propia red de banda ancha rural solidaria.

La adquisición de conocimientos básicos reforzados, económicos y sobre todo digitales son claves para revelar los talentos de nuestros jóvenes rurales.

El modelo busca que la juventud rural encuentre en la agroindustria cooperativista una salida profesional concreta — operarios, tecnologos, profesionales, ingeniería agronómica, manejo de maquinaria "club", logística, administrativos y comerciales de las maquilas SAS BIC, filial de la cooperativa — y finalmente poder emprender con su famiempresa campesina en lugar de migrar a la cinturones de la ciudad por falta de oportunidades en el Campo.

Es la respuesta directa al problema demográfico y productivo del campo que el DANE señala como crítico después de 2032.

Si los MUSA son un compromiso campesino de activación y de robustecimiento de la economía local, necesitamos que nuestros electos rurales se comprometan con políticas culturales ambiciosas y relevantes desde las alcaldías.

Es la contrapartida cultural de la inversión cooperativista MUSA y del Estado impulsor.

La llegada de un Ecoparque de Simbiosis Agroindustrial (EPSAI), a un municipio de catergoria 4 a 6, es una inversión de largo plazo que transforma el territorio durante los próximos 30 años.
No es un favor unilateral clientelista de la cooperativa hacia la administración municipal o departamental.

Generará a mínima 380 empleos directos. Al anclar el capital productivo durante más de 50 años, fortalecerá el tejido económico rural apalacando emprendimientos campesinos conectando la provincia con las demás provincias MUSA y los mercados nacional y globales.

A cambio de que el Gobierno Municipal ceda casi-gratuitamente los predios del Punto de Acopio Local y del parque agroindustrial, el modelo MUSA exige una contrapartida reciprocua:

"que los alcaldes asuman un compromiso real y verificable con el fomento de políticas culturales municipales."

La administración local deberá:

i) Formular o fortalecer su política pública de cultura municipal, con presupuesto propio y no solo declarativo, articulada con la Secretaría o dependencia de Cultura de la Gobernación.
ii) Reconocer y apoyar las identidades campesinas y cooperativistas del territorio como patrimonio cultural vivo —música, gastronomía, tradiciones agrícolas, memoria del policultivo— en igualdad de condiciones con la cultura urbana.
iii) Habilitar y sostener "Fablab rurales" espacios de tercer lugar en las zonas rurales del municipio (bibliotecas comunitarias, casas de cultura, bajo gestión de una asociación autónoma que MUSA coimpulsa junto al SENA). Evitaremos que la vida cultural se concentre solo en la cabecera municipal de la Provincia.
iv) Asumir en la capital provincial que recibirá el EPSAI, la construcción y desarrollo de una "escuela de musica y de baile" municipal abierta a todos los jóvenes de los municipios MUSA. (con Precios moderados y módicos solidarios)
v) Vincular los programas culturales municipales con los procesos de cohesión social que ya genera la cooperativa —ferias agroindustriales, encuentros intergeneracionales, actividades para los hijos de cultivadores y tenderas— de modo que la inversión productiva y la inversión cultural avancen de la mano.
vi) Rendir cuentas públicas, junto con la cooperativa MUSA local, sobre el cumplimiento de este compromiso cultural como condición de continuidad de la alianza.

La razón de fondo es sencilla: la Economía Circular Rural no puede sostenerse solo con infraestructuras productivas, inclusive solidarias.

El Hombre es un ser social, no solo económico.

Un territorio que recibe un Punto de Acopio Local, un EcoParque Agroindustrial MUSA (EPSAI), empleo y crédito, pero que descuida su vida cultural, corre el riesgo de vaciar su identidad al mismo ritmo en que llena sus bodegas.

Para nosotros, Exigir una política cultural exigente como condición de la inversión MUSA es, en el fondo, exigir que el desarrollo rural sea integral: económico, ambiental y cultural.

Un cuestión de auto-estima sostenible contagiosa cuando vemos tantos proyectos de desarrollo territorial fracasar en Colombia.

La administración local deberá:

i) Formular o fortalecer su política pública de cultura municipal, con presupuesto propio y no solo declarativo, articulada con la Secretaría o dependencia de Cultura de la Gobernación.
ii) Reconocer y apoyar las identidades campesinas y cooperativistas del territorio como patrimonio cultural vivo —música, gastronomía, tradiciones agrícolas, memoria del policultivo— en igualdad de condiciones con la cultura urbana.
iii) Habilitar y sostener "Fablab rurales" espacios de tercer lugar en las zonas rurales del municipio (bibliotecas comunitarias, casas de cultura, bajo gestión de una asociación autónoma que MUSA coimpulsa junto al SENA). Evitaremos que la vida cultural se concentre solo en la cabecera municipal de la Provincia.
iv) Asumir en la capital provincial que recibirá el EPSAI, la construcción y desarrollo de una "escuela de musica y de baile" municipal abierta a todos los jóvenes de los municipios MUSA. (con Precios moderados y módicos solidarios)
v) Vincular los programas culturales municipales con los procesos de cohesión social que ya genera la cooperativa —ferias agroindustriales, encuentros intergeneracionales, actividades para los hijos de cultivadores y tenderas— de modo que la inversión productiva y la inversión cultural avancen de la mano.
vi) Rendir cuentas públicas, junto con la cooperativa MUSA local, sobre el cumplimiento de este compromiso cultural como condición de continuidad de la alianza.

La razón de fondo es sencilla: la Economía Circular Rural no puede sostenerse solo con infraestructuras productivas, inclusive solidarias.

El Hombre es un ser social, no solo económico. La transformación cultural debe estar al centro de las comunicaciones con la población campesina, rehabilitando el valor de la solidaridad como arte del buen vivir.

Un territorio que recibe un Punto de Acopio Local, un EcoParque Agroindustrial MUSA (EPSAI), empleo y crédito, pero que descuida su vida cultural, corre el riesgo de vaciar su identidad al mismo ritmo en que llena sus bodegas.

Para nosotros, Exigir una política cultural exigente como condición de la inversión MUSA es, en el fondo, exigir que el desarrollo rural sea integral: económico, ambiental y cultural.

Un cuestión de auto-estima sostenible contagiosa cuando vemos tantos proyectos de desarrollo territorial fracasar en Colombia.

4. La confederación de cooperativas MUSA: de actor local a industrial y comerciante campesino para contrapesar al oligopolio y conducir localmente la reforma agraria.

Una sola cooperativa, por bien gestionada que esté, sigue siendo precio-aceptante frente a las grandes comercializadoras que hoy concentran la formación de precios en la cadena agroalimentaria.
Por eso el modelo MUSA no se detiene en el ecoparque local: contempla impulsar 36 cooperativas en 20 años (2026-2046) en todo el territorio nacional, unidas en un grupo cooperativista de segundo nivel. ¿Una Confederación?

Al nivel intermunicipal, esa escala provincial es la que organiza la planificación agroecologica, la que da a los campesinos poder real de negociación frente al mercado resistiendo a las manipulaciones por "importadores inicuos" con grandes palancas, incluso financieras.
Es la escala menor que permite construir, "grandes figuras solventes locales, comercializadoras, industriales y crediticias campesinas" de mayor resultado transformador para sus asociados.

Esa misma escala logrará abrir la puerta a la captación DIRECTA y al buen uso de los fondos climáticos para financiar la transición agroecologicas de los territorios de impacto.

Los bonos de carbono y pagos por servicios ambientales exigen volúmenes de territorio con suficiente bioma y con programas con suficiente trazabilidad para que un predio o una cooperativa pequeña pueda ser relevante para los grandes contribuidores.

Agrupadas — desde 600 ha iniciales a 18.000 ha en diez años—, las cooperativas MUSA pueden presentar una planificación agroecológica territorial coherente y contundente.
Desde la reforestación, acción de protección de sus bosques, cuidado de cuenca hídrica y sobre todo recuperación de suelos con métodos de agricultura regenerativa.

❝ El mejor aporte que Colombia puede hacer a la estabilización del clima mundial es salvar los 55 millones de hectáreas de los bosques amazónico y pacífico y los 7 millones de hectáreas de bosques andinos, al convertirlos en reservas naturales intocables, con la ayuda de la cooperación internacional. ❞

El Cultivador microfundista se convierte así en guardián de la naturaleza BENEFICIADO. Su trabajo de conservación y de reforestación dejan de ser un costo no remunerado, invisibilizado, a ser una actividad productiva más, recompensada por los beneficios solidarios de la cooperativa, respaldados por esos fondos de justicia climática.

Aquí se cierra el círculo con la volatilidad de precios. Mientras el ingreso campesino dependa solo de vender materias primas agrícolas frescas, expuestos a los ciclos de sobre-oferta y especulación por trastorno bursátil, crisis climática, geopolítica o de capacidad distributiva, la mejor remuneración de las cosechas desencadenará un ciclo económico prospero por la misma reinversión de las ganancias campesinas en la economía local.

5. ¿Cómo una cooperativa MUSA puede acompañar la reforma agraria en Colombia?

El punto crítico, y donde reportes independientes han sido más duros, es que entregar tierra no es lo mismo que hacerla producir: hacia septiembre de 2025 la reforma había alcanzado apenas el 6,6% de la meta presupuestada del Acuerdo de Paz de 2016, y funcionarios del gobierno han reconocido públicamente que el reto ya no es solo comprar y titular tierra, sino el acompañamiento productivo posterior: la ministra de Agricultura señaló que la reforma implica "un acompañamiento para que las comunidades rurales puedan poner a producir los suelos fértiles de nuestro país de manera responsable y sostenible".

Este vacío —tierra redistribuida sin capacidad productiva, técnica ni comercial para aprovecharla— es exactamente el problema que los que apoyan a los MUSA identifican en los cultivadores microfundistas.

Nuestra sugerencia de modelo MUSA ya trae herramientas concretas:

1. Recibir al beneficiario de tierra y convertirlo en campesina/o cooperativista asociada/o.
2. Aportar la infraestructura que el Estado no está construyendo al mismo ritmo que titula tierra.
3. Encajar con la reparcelarización de las fincas que ya prevé el modelo MUSA con garantías financieras y productivas.
4. Concretar el seguimiento de las familias en sus compromisos de sustitución de cultivos.
5. Alinear su gobernanza con el Sistema Nacional de Reforma Agraria (Sinradr) y el Plan Decenal 2026-2036.

En síntesis: la reforma agraria colombiana está resolviendo el "a quién" (título de tierra). El modelo MUSA ofrece un diseño apto a resolver el "y ahora qué". Con una organización cooperativa - que involucra la familia cultivadora, con infraestructura mutualizada, conocimientos compartidos, mercados garantizados, solvencia de la compra y financiación climática - que se encarga de concretar desde la vereda el encadenamiento que cumple con la función social de la tierra, una palanca campesina para participar activamente a la reforma agraria integral.

En conclusión, la clave del empoderamiento campesino está en el enfoque del modelo MUSA que busca desligar el ingreso familiar campesino (UAF) de esa volatilidad combinando tres (3) componentes:

i) el valor agregado de la simbiosis agroindustrial y la de su solvencia financiera de escala (capacidad productiva),
ii) la venta directa de sus cosechas y productos manufacturados con menos intermediación posible y
iii) la remuneración climática —esta última garantizada de forma directa a la cooperativa, sin intermediarios externos a fin de transformar vidas de sus asociados y de su territorio.

El hilo de Ariana es la gobernanza cooperativista que une a los cuatro eslabones:

1) la cooperativa agrícola agrega valor en la finca, comercializa en la ciudad, forma capital humano y,
2) federada con las demás cooperativas MUSA,
3) gana poder de mercado y
4) acceso a financiación climática.

El Modelo MUSA y su método no solo describen programas sociales separados, sino también un mismo circuito económico desde la producción, la distribución justa empoderada, la formación de los campesinos y la unión gremial cooperativista — que redistribuye poder desde el surco hasta el mostrador, el aula y la mesa de negociación de los mercados globales y financieros nacionales.


Julián Constant

es un empresario del Agenda 2030 (ONU), cofundador del bufete de ingeniería de (bio)economía circular INTERECOTEC. Nieto de campesinos, oriundo de un valle cooperativista del río Garona (Sur de Francia), ofrece aportar su experiencia emprendedora de la economía circular solidaria coordinando el equipo multidisciplinario de CORPOBANANO para impulsar el cooperativismo campesino a fin de completar la reforma agraria y la soberanía alimentaria colombianas.

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