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Impulsar un Cooperativismo agroindustrial campesino de bioeconomía circular como amortiguador de la inflación estructural en Colombia, en un contexto de riesgo climático creciente y de inestabilidad geopolítica en vista de la soberanía alimentaria de Colombia y de la Reforma Agraria por la Paz.

Corpobanano, a través de su invitación a implementar también una Política de Estado impulsando grandes cooperativas MUSA, propone una tesis atractiva para quienes diseñan política económica antiinflacionaria. si el problema estructural es la baja agregación de valor del agro (la misma causa que identifica el CONPES 4129 de Reindustrialización), y si buena parte de la volatilidad de precios nace de cadenas alargadas, especulación de los distribuidores, volteos de tierras e importaciones descontroladas, falta de mano de obra rural y aumento de la factura en desastres, entonces organizar al campesinado microfundista en grandes cooperativas agroindustriales dotadas de sus infraestructuras es solo una política social y economíca rentable al ayudar los Gobiernos de turno a controlar la inflación de la canasta familiar sin agotar o restaurando los suelos gracias a la transición justa.

Es una herramienta antiinflacionaria. treinta (30) cooperativas MUSA confederadas bien capitalizadas podrían competir formando precios en el mercado nacional en contra de la especulación de los importadores y distribuidores de productos agrarios y alimentos mejor de lo que puede hacerlo una sola cooperativa o asociación campesina aislada.



1. ¿Qué es la inflación?

❝ La inflación al consumidor es el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios más representativos del consumo de los hogares.❞

Es la EROSIÓN del valor de la moneda. Comparable al colesterol, es necesaria en dosis moderadas para el metabolismo de una economía, dañina en exceso.

Su medida oficial en Colombia es el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del DANE. Sirve para :

· Medir los cambios de precios de los bienes y servicios que conforman la canasta, y con esto de los periodos de inflación. Medir es poder contrarestar y controlar las políticas monetarias y presupuestarias, herramientas de soberanía económica de nuestra República.
·
Comparar la dinámica de la economía nacional con la de otros países.
·
Entender la evolución de la situación económica del país y proyectarla a corto y medio plazo.
· Actualizar automáticamente el valor de la pensiones y de los arriendos.

¿Por qué los alimentos pesan tanto en el IPC?

La división de Alimentos y Bebidas no Alcohólicas representa cerca del 26% de la canasta del IPC. Esto significa que, de cada $100 que gasta un hogar colombiano promedio, $26 van a alimentos.

La fórmula es simple:
Variación de Alimentos × 0,26 = Contribución al IPC general (en puntos porcentuales)

Ejemplo con datos reales de 2022: 16,8% × 0,26 = 4,37 pp.

De los 13,12 puntos que subió el IPC ese año, más de un tercio (33%) se explica solo por los alimentos.

❝ En los siete años con datos disponibles del DANE, sobre el periodo 2019–2025, la sola inflación de la división alimentos superó el 1% todos los años. Explicó entre el 29% y el 57% de la inflación total del País. No controlar los precios resulta ser antipatriota: erosionar la atractividad País y fabricar Hambre. Vender el carro para comprar gasolina en plena escasez de combustible. (erosión de los suelos por cambio climático).❞

Este efecto no se queda en la góndola del supermercado.
Como los arriendos y las pensiones están indexados al IPC, un alza en alimentos hoy se traduce en un mayor tope de reajuste de arriendos y de las pensiones al año siguiente.
Es un mecanismo de inflación con tres (3) gatillos.

2. Otro dato duro: el Índice de Precios del Productor (IPP) de Agricultura.

El Índice de Precios del Productor (IPP) de Agricultura pasó de 44,22 puntos en 1999 a 307,47 en 2026: un aumento de 595%. Una inflación promedio anual compuesta de aproximadamente 7,4%.

Es un crecimiento de costos internos muy superior al promedio de la economía colombiana describiendo un descontrol despilfarrador desgarrador desfavorable a la valorización del peso colombiano.

Ya entramos en una era donde los costos internos de producción del sector — muy cargados por los costos laborales por naturaleza agraria -, sin que ese aumento de costos se haya traducido en una industria agroalimentaria capaz de absorber la volatilidad mediante transformación, almacenamiento y comercialización propia.

El resultado es un campesinado microfundista que vende materia prima a precio de finca y compra alimento procesado a precio de ciudad, mientras la intermediación y la especulación sobre la tierra capturan el margen que debería quedarse en el territorio.

Esta ausencia de agregación de valor es, en sí misma, un factor de inflación estructural: sin cadenas cortas, sin capacidad de transformación local y sin escala cooperativa, cualquier choque de oferta —climático, logístico o internacional— se traslada de inmediato y en su totalidad al precio final.

La causa estructural es bastante obvia: un agro que produce materia prima con muy poco valor agregado y mal remunerado por el siguiente eslabón: la distribución y la agroindustria, ubicada en los cinturones urbanos en lugar de estar en la huerta.

El gasto en alimentos en Colombia pasó de aproximadamente $65 billones (2016) a $110,3 billones (2022). Eso es un incremento del 69,7%. Es decir, una inflación promedio de aproximadamente 9,3% por año, compuesta.

Corpobanano estima que, entre 2018 y 2025, la inflación de alimentos pudo generar una pérdida de poder adquisitivo de $7,85 billones de pesos (erosión promedio de $0,98 billón/año). Con una organización agroindustrial cooperativista consolidada —el modelo MUSA—, proyecta que esa pérdida podría reducirse a $3,08 billones en 8 años (erosión promedia de $0,385 billón/año).

Por otro lado, las políticas de los PIDAR de la ADR, además de ser clientelistas, son muy insuficientes para correr la carrera contra reloj del desarrollo rural integral y detener el desangramiento del Campo (¿sin jóvenes?).

Acorde al empalme, la débil asignación presupuestal, entre $38.000 millones (U$32m) y $106.000 millones (U$32m) y la baja ejecución no permiten impactar un sector que requiere mucho capital por producir productos de consumo masivo - alimentos - y cuidar/restaurar el Medio Ambiente sobre el 8 % del Territorio Nacional, parte microfundista de la Frontera Agrícola Nacional.

Cifras del empalme de la ADR en Bogotá | Intervención del DNP 2h44"

Esta ausencia de agregación de valor es, en sí misma, un factor de inflación estructural. Sin cadenas cortas, sin capacidad de transformación local, de almacenamiento y sin escala industrial sostenible de bioeconomía circular, sin economía solidaria MUSA para el buen vivir, cualquier choque de oferta — sea por razones climáticas, logísticas o de geopolítica — la ola inflacionaria se traslada de inmediato y en su totalidad al precio final alimentando la especulación. Peor, los precios nunca bajan o se demoran más en bajar que en subir. Siempre con efecto trinquete en Colombia.

3. El agravante: el cambio climático ya no es un riesgo futuro, es un multiplicador de precios presente.

Colombia enfrenta hoy una frecuencia de eventos climáticos extremos —fenómenos de El Niño y La Niña, vendavales, inundaciones como las que motivaron la restauración del Canal del Dique, sequías prolongadas en zonas productoras— que golpean directamente la oferta de alimentos perecederos y, con ella, el componente más volátil del IPC.
Cada desastre o choque climático que castiga los rendimientos agrícolas, la erosión de los bosques (agua), de los suelos se convierte, semanas después, en un salto de la inflación de alimentos, y de ahí en presión sobre tasas de interés del crédito, arriendos y pensiones.
Sin contar con la sustitución de dietas de las poblaciones extranjeras también impactadas por los mismos fenómenos ambientales que presionará aún más los suelos fértiles tropicales.

2007 Crisis de la tortilla en Mexico.

Este riesgo ya no es solo económico. Es un riesgo de estabilidad social y, potencialmente, geopolítico.
La historia — desde la Revolución Francesa hasta "La crisis de la tortilla mexicana (2007)" hasta las tensiones migratorias asociadas a fallas agrícolas en África — muestra que la inseguridad alimentaria prolongada erosiona la gobernabilidad con una velocidad que ninguna proyección macroeconómica captura del todo.

Un país que depende de una agricultura poco tecnificadas, de cadenas de distribución con poca capacidad de almacenamiento y sin capacidad de absorción de choques climáticos importa inflación, inestabilidad política y empobrecimiento general de su población.

Nuestros Campesinos están en primera línea frente a los riesgos climáticos. No pueden soportan solos el costo de la adaptación de las cadenas de valor en Colombia. Favorezcamos el retorno a la tierra. #PrimeraLaCampesina

4. La propuesta MUSA: subsidiar la agregación de valor (transformación agroindustrial de bioeconomía circular), no el consumo (caridad).

La respuesta convencional a la inflación de alimentos —controles de precios o subsidios al consumo— ataca el síntoma, no la causa, y no genera capacidad productiva permanente. La alternativa que plantea la Política de Estado de las Cooperativas MUSA es insolita en su naturaleza económica y por su contexto.
Lejos de ser un subsidio asistencial, el modelo MUSA preconiza una inversión en activos productivos que empodera la organización solidaria campesina de bioeconomía circular para asegurar la seguridad alimentaria (compras públicas) y la captación de fondos climáticos para restaurar suelos, bosques y remunerar la preservación de la biodiversidad gracias a la transición agroecologica.

El mecanismo propuesto es simple: capitalizar una red de grandes cooperativas agroindustriales de bioeconomía circular y agroecología —con ecoparques de simbiosis industrial, puntos de acopio local y una filial comercial propia— que permitan a las comunidades cultivadoras transformar su cosecha en lugar de venderla en bruto. Esto tiene tres efectos económicos directos:

⬩Acorta la cadena de transmisión del choque climático al precio final, al construir capacidad de almacenamiento interna, transformación de los excedentes, de la biomasa y una logística de última milla dentro del propio territorio productor agroecológico.
⬩Reduce la dependencia de la intermediación especulativa, devolviendo margen al productor con precios garantizados y control de las margenes en la formación de precios al consumidor urbano.
⬩Convierte gasto público en activo productivo permanente: a diferencia de un subsidio al consumo, que se agota en el momento del gasto, la infraestructura cooperativa sigue generando valor — y amortiguando choques futuros— año tras año, brindando un mayor nivel de oportunidades laborales y empresariales para los jovenes y la industria colombiana.

5. Un grupo cooperativista MUSA de interés nacional. #JuntanzaCampesinaDePrimera.

Para la banca de desarrollo, financiar esta red representa activos productivos con flujo de caja proyectable, trazaable por las ventas de cosechas, de alimentos procesados, productos manufacturados y bioinsumos agroecologicos.
No es un subsidio sin retorno sino una financiación de justicia social para la Paz y una señal de confianza en el potencial de los microfundistas colombianos (caco, café, coco, palma etc...) al garantizarles un futuro.

Para el Congreso, es una política de Reforma Agraria Integral con un indicador de éxito verificable y políticamente defendible inclusive gracias a la supervisión conjunta de la Agencia de Desarrollo Rural y de la Supersolidaria.

Para el Ministerio de Hacienda y MINCIT, es una herramienta de estabilidad macroeconómica que reduce la presión estructural sobre la tasa de intervención del Banco de la República, en momentos en que el cambio climático hace más frecuentes —no más raros— los choques de oferta agrícola.

La reducción de la contribución de Alimentos al IPC es el mayor beneficio de la Política de Estado MUSA. Abrirá el paso a las inversiones industriales, al desarrollar el sector segundario a fin de desbloquear políticas de empleos al beneficio de la población urbana y de las exportaciones de productos manufacturados de valor superior por haber sido fabricados por energías limpias.

CHOCO PROJECT - El polvo de cáscara de semilla de cacao, un subproducto orgánico que antes tenía otros usos industriales, ahora se incorpora en los guardabarros y las guías de aire internas del nuevo Renault Kwid, ensamblado en la planta de RENAULT-Sofasa en Envigado. Un ejemplo más de simbiosis agroindustrial de la bioeconomía circular tipo MUSA.

Esta iniciativa greennovadora de Renault, común en Europa, impulsará la integración simbiótica de la bioeconomía circular en los procesos de producción de las industrias cacaotera y automotriz colombianas, demostrando una vez más que cuando se trata de innovación, sostenibilidad y talento local, Colombia tiene mucho que aportar.

En conclusión, la peor diligencia es la que no se hace.

La pregunta no es si Colombia enfrentará más choques climáticos sobre su producción de alimentos: ya los está enfrentando.
La pregunta es si el país construye, antes del próximo choque, la infraestructura cooperativa de bioeconomía circular robusta capaz de absorberlo, o si sigue pagando esa volatilidad cada año en tasas de interés, arriendos y mesadas contando con cada vez menos campesinos en edad de trabajar y organizar mejor el campo.

En un mundo donde el clima ya no es una variable externa a la economía, sino uno de sus principales motores de riesgo, subsidiar la capitalización de una red de Cooperativas MUSA es una inversión visionaria en pro

▸de la estabilidad económica y de la atractividad País,
▸del ordenamiento territorial para acompañar la reparcelarización de las tierras en el Marco de la Reforma Agraria
▸la resiliencia inflacionaria y alimentaria de las Regiones, la soberanía alimentaria de Colombia, indicador de productividad de un País del siglo XXI.


Julián Constant

es un empresario del Agenda 2030 (ONU), cofundador del bufete de ingeniería de (bio)economía circular INTERECOTEC. Nieto de campesinos, oriundo de un valle cooperativista del río Garona (Sur de Francia), ofrece aportar su experiencia emprendedora de la economía circular solidaria coordinando el equipo multidisciplinario de CORPOBANANO para impulsar el cooperativismo campesino a fin de completar la reforma agraria y la soberanía alimentaria colombianas.

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