El Agro Colombiano ha sido transformado por el conflicto armado trás una reforma Agraria trabada durante más de 60 años. Mientras el narcotráfico fomentó una mayor concentración de la propiedad, un acelerado desplazamiento y empobrecimiento campesinos con una mayor subutilización de la tierra empujando la frontera agrícola hacia zonas de reservas, inclusive indigenas.
¿Cómo lograr una mayor equidad social en el campo? ¿un desarrollo rural integral al nivel nacional?
Colombia atraviesa uno de los procesos de redistribución de tierra más ambiciosos de su historia reciente. El Fondo de Tierras administra ya más de 763.000 hectáreas, de las cuales más de 300.000 han sido redistribuidas, y el país acaba de sancionar la Ley Estatutaria de Jurisdicción Agraria tras acoger en Cartagena la Segunda Conferencia Internacional de Reforma Agraria.
Pero recibir un título de propiedad es apenas la puerta de entrada a un laberinto mucho más complejo: el de convertir esa tierra en sustento real, en ingreso estable y en dignidad productiva. Es en ese laberinto —entre la Agencia Nacional de Tierras, la ADR, la nueva Jurisdicción Agraria, los mercados agroindustriales y el cambio climático— donde el pequeño campesino microfundista suele perderse.
Las cooperativas del Modelo MUSA de Corpobanano se proponen ser el hilo de Ariadna que lo acompañe hasta la salida para el feliz cumplimiento de su compromiso productivo sostenible gracias a la transición agroecologica colombiana.
Donde el Estado titula y la cooperativa MUSA organiza empoderando los cultivadores en su transición agroecologica y agroindustrial.
1. El primer muro: tierra fértil sin capacidad de trabajarla para poder vivir.
El propio gobierno lo ha reconocido: la reforma agraria "no solo es la recuperación, redistribución y restitución de las tierras, sino un proceso que implica un acompañamiento" para poner a producir esos suelos de forma sostenible. Las cifras confirman la brecha —apenas el 6,6% de la meta presupuestada del Acuerdo de Paz se había alcanzado hacia 2025—, porque titular un predio no resuelve el problema estructural del microfundio: escala insuficiente, falta de capital de trabajo, ausencia de infraestructura de acopio y nula capacidad de negociación frente al mercado.
Aquí la cooperativa MUSA ofrece la primera salida del laberinto: recibe al campesino beneficiario de tierra —o al que ya la tenía pero producía aislado— y lo integra a una red de Puntos de Acopio Locales y Ecoparques de Simbiosis Agroindustrial.
El primer paso para encontrar asesoría agronómica agroecologica, asesoría económica enrutando a un posible crédito productivo y, sobre todo, la garantía de compra justa de su cosecha por un contrato escrito.
El microfundio deja de ser una condena a la pobreza y se convierte en la célula base de una economía circular rural con policultivo con base de musáceas y aprovechamiento agroindustrial de cada subproducto.
2. El segundo muro: la institucionalidad fragmentada.
El campesino que intenta recorrer solo el camino formal de la reforma —Fondo de Tierras, formalización, restitución, la nueva Jurisdicción Agraria, el Sistema Nacional de Reforma Agraria (Sinradr)— enfrenta una arquitectura estatal con ocho subsistemas distintos y procesos que toman años. Y eso, es solo del Estado. Se apilan también las unidades administrativas departamentales y municipales como las UMATA y los Comités de Reforma Agraria.
Por eso, para construir una red MUSA de interlocución con el Estado, podriamos organizar interlocución con las instituciones en 8 grupos:
⬩Tierra y propiedad: ANT, IGAC, SNR, URT.
Producción y proyectos: ADR, MADR, alcaldías y gobernaciones.
⬩Ordenamiento territorial: UPRA, alcaldías, gobernaciones, IGAC y autoridades ambientales.
⬩Crédito y financiación: FINAGRO, Banco Agrario y entidades territoriales.
⬩Infraestructura y adecuación de tierras: ADR y entidades territoriales.
⬩Asistencia técnica, ciencia y formación: ADR, SENA, universidades, Agrosavia y entidades territoriales.
⬩Comercialización y economía campesina: MADR, MinCIT, ADR, organizaciones cooperativas y entidades territoriales.
⬩Participación y gobernanza: CONSEA, Comités Departamentales de Reforma Agraria, CMDR y organizaciones campesinas.
Los propios briefs de MUSA presentados ante el Congreso lo diagnostican sin rodeos: hay que "autonomizar la organización productiva campesina" de los "limitantes del monopolio institucional de la ADR", la cual siempre fue infradotada, austera y clientelista.
La cooperativa actúa entonces como intérprete y representante colectivo: una sola voz solvente que dialoga con la institucionalidad en nombre de decenas de campesinos asociados, en lugar de que cada uno enfrente el laberinto burocrático por su cuenta.
Con la reparcelarización que ya se anticipa también por la demografía campesina y el retorno del ferrocarril, además de la presión sobre los suelos tropicales causada por el cambio climático, la cooperativa MUSA está ecodiseñada para absorber directamente a los nuevos propietarios, los jovenes y los "neorurales" que vayan surgiendo de ese proceso que Colombia no puede fallar en ayudar a organizar. Todas las leyes están ya votadas. Implementarlas es rol de todos, y primero de los Gobernantes electos.
3. El tercer muro: el mercado y su condición oligopólico.
Superar la titulación de tierra y la institucionalidad fragmentada no basta si, al final del camino, el campesino sigue vendiendo su cosecha al primer intermediario que aparece en la vereda.
Aun con tierra e institucionalidad resueltas, el campesino solo sigue siendo tomador de precio frente a un mercado agroalimentario concentrado en pocos actores, los cuales pueden usar la libre importación para traer precios derisorios de otros paises en via de saqueo.
El verdadero examen de la Reforma Agraria Integral se da en el mercado: ahí es donde se decide si la tierra redistribuida genera ingreso sostenible o vuelve a caer en la trampa de precios bajos y comercialización precaria que ya empobreció al campesino antes de recibir su título.
Para que una cooperativa MUSA pueda penetrar mercados nacionales e internacionales —y no quedarse vendiendo fruta fresca a precio de commodity— deben cumplirse varias condiciones estructurales, todas ya contempladas en el diseño del modelo pero que vale la pena desglosar.
a) Escala agregada, no solo producción artesanal dispersa.
Ningún comprador industrial, cadena de supermercados o mercado de exportación negocia con una pequeña asociación, un minifundio aislado de 15 hectáreas.
Los mercados internacionales dictan el umbral de la escala debido a que los productos agrícolas son de CONSUMO MASIVO y PERECEDEROS.
La condición de entrada es la agregación logística.
Al inicio, el área agremiada mínima debe ser de 600 hectáreas por cooperativa MUSA naciente, apuntando rápido a los 2.000Ha en cinco años y 18.000 en diez, con una producción proyectada diaria mínima de 37 toneladas de musáceas.
Aquella escala es lo que convierte al conjunto de pequeños productores asociados en un proveedor relevante con volumen creíble para un contrato de suministro planificado.
Sin esa escala agregada, ningún mercado —ni el del Municipios, ni del PAE ni el de exportación — toma en serio a la cooperativa como interlocutor comercial confiable.
Al final, una posible confederación de las Cooperativas MUSA colombianas será un formadora de precios con la solvencia necesaria, concretando el mayor objetivo: recuperar una transferencia de riquezas equitativas entre los centros urbanos y los territorios campesinos, consolidando la soberanía-seguridad alimentaria y el cuidado del Medio Ambiente por los cultivadores productivos y solidarios.
b) Trazabilidad y calidad certificable.
Los mercados formales, y sobre todo los de exportación, no compran solo producto: compran garantías. Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), trazabilidad desde la finca hasta el punto de acopio, cero residuos gracias a la simbiosis agroindustrial y reuso de agua son condiciones no negociables para acceder a mercados de exportación agroindustrial, y también para atraer al maquilador coinversor, que exige "calidad superior de las materias primas" (frescura, zona agroecológica libres de trazas de pesticidas) como condición de su alianza en joint-venture para maquilar la transformación de la materia prima agrícola o alimentos certificados "orgánico".
c) Transformación agroindustrial al valorizar los excedentes y subproductos de nuetras materias primas agrícolas.
Vender banano o plátano fresco expone al productor a la volatilidad total del precio de commodity. La condición para penetrar mercados de mayor valor —fruver especializado, alimentos procesados, biopolímeros, bioempaques, textiles, materiales de construcción, energía— es transformar en el propio territorio, aprovechando cada subproducto de la cosecha.
Esto exige una cadena productiva con infraestructuras ecodiseñadas para asumir una bioeconomía circular desde la finca hasta el Ecoparque de Simbiosis Agroindustrial.
d) Alianza con el maquilador como puente hacia el mercado de destino.
El modelo MUSA busca aprovechar todo en simbiosis y de forma circular, estimulando el balance agronómico de la tierra, siendo el principal activo para seguir alimentando a Colombia.
Tiene poco sentido enfocar el modelo sobre la competitividad sino sobre el primer paso, tan imprescindible para seguir viva y solvente dentro de 30 años. Que la cooperativa compita sola contra industrias consolidadas, capture valor asociándose con ellas: "maquilar desde la huerta cerca de sus mercados de destino con industria 4.0" es la fórmula explícita de la propuesta de alianza con la famiempresa, la PYME para maquilar productos alimenticios, cosméticos o biomateriales lejos del saber-hacer núcleo agroindustrial campesino.
La SAS BIC filial de la cooperativa, en joint-venture con la empresa SAS BIC del maquilador, es la figura jurídica que permite compartir CAPEX, saber-hacer tecnológico y canales de distribución ya existentes —incluyendo mercados internacionales que la cooperativa jamás podría abrir por sí sola.
El acceso compartido a "maquinarias club" (envasadora, empacadora, paletizadora) permite abarratar el emprendimiento agroindustrial, un criterio necesario para democratizar la iniciativa productiva de la famiempresa y robustecer la atractividad de los territorios agroecologicos para las PYMES de la Bioeconomía.
Son unos activos industriales conectados que ninguna finca individual, cooperativa gremial especializada o PYME rural podría asyumir pero que la cooperativa MUSAsí puede operar en tiempo compartido gracias a la mutualización de sus infraestructuras.
e) Logística concentrada y energía competitiva.
Es la agregación de los flujos al nivel intermunicipal y nacional que dará la robustez e in fine la competitividad sostenible de la oferta cooperativista MUSA.
Debemos dotar nuestra iniciativa de las mejores condiciones de costo por el acceso a almacenamiento frigorífico a la demanda, siempre con energía eléctrica fotovoltaica y solar térmica renovables 24/7, y una cadena logística nacional compartida con las demás cooperativas MUSA de Colombia.
Sin ellas, el producto agrícola y alimenticio campesino perderá a medio plazo competitividad frente a exportadores con infraestructuras más eficientes.
Este componente es clave para la sostenibilidad del emprendimiento cooperativista y empresarial aliado. La conexión a los mercados locales, nacionales e internacionales son tan imprescindibles como la sostenibilidad ambiental de nuestras Infraestructuras logísticas agroindustriales.
Este componente es clave para la sostenibilidad del emprendimiento cooperativista y empresarial aliado. La conexión a los mercados locales, nacionales e internacionales son tan imprescindibles como la sostenibilidad ambiental de nuestras Infraestructuras logísticas agroindustriales.
f) Canal directo hacia el comercio formal e institucional.
A nivel nacional, la condición de penetración pasa por eliminar intermediarios innecesarios: contratación pública sin intermediación (Ley 2046 de 2020), Puntos de Abastecimiento Solidarios (PAS), y abastecimiento directo a supermercados, comercio mayorista y tenderas (ANITAs) agremiadas en FEDECOM, FENALCO et c...
En 2025, el gobierno nacional, a través de la Agencia Nacional de Contratación Pública, Colombia Compra Eficiente, anunció la expedición de un nuevo Acuerdo Marco de Precios que regirá las compras públicas de alimentos a partir de junio de 2026.
La medida busca democratizar los procesos de contratación, promover la participación de pequeños productores y garantizar condiciones de transparencia, especialmente en el Programa de Alimentación Escolar (PAE).
No solo amplía el alcances comercial de la cooperativa sino que — al acortar la cadena — ayuda a mantener bajo control las margenes de la cadena de distribución, imprescindible para monitorar la inflación de la canasta familiar, un argumento político y económico tan relevante como el comercial frente a los golpes del Cambio Climático.
g) Fondos climáticos como ingreso complementario que blinda al productor. Finalmente, la penetración de mercados internacionales no se limita a productos físicos: incluye el mercado de bonos de carbono y compensaciones ambientales, accesible solo a escala territorial agregada y con gobernanza verificable.
Ese ingreso adicional actúa como amortiguador frente a la volatilidad de los mercados de commodities (materia prima agrícola), dando a la cooperativa MUSA una margen para negociar precio de sus productos agroindustriales sin la presión de vender rápido y barato, dañando el presupuesto de los programas locales de triple impacto para los beneficios de los asociados.
En conjunto, estas condiciones —escala, trazabilidad, transformación, alianza industrial, eficiencia logística-energética, canal directo y diversificación de ingresos vía fondos climáticos— son lo que separa a una cooperativa MUSA de una simple asociación de productores o cooperativa especializada y gremialista como las cooperativas de cafeteros.
Asumimos la ambición de diferenciarnos de una Reforma Agraria que entregue tierra y que se lava las manos a la hora de entregar los pequeños cultivadores a las maquinarias de intermediarios. Queremos organizar nuestras tierras a fin de convertirlas en la base de una cadena de valor capaz de disputarle terreno al oligopolio agroindustrial sin sacrificar nuestra transición agroecoloica, único escudo viable para adaptarse al cambio climático, famoso por su nombre "el General Clima".
Por eso el modelo no se detiene en la cooperativa local: proyecta federar 30 cooperativas MUSA en 15 años a nivel nacional, capaces de disputar la formación de precios al oligopolio agroindustrial y de acceder a fondos climáticos — bonos de carbono, pagos por servicios ambientales — que exigen un volumen territorial que ningún predio individual puede ofrecer por sí solo.
Esa misma ¿confederación? permite remunerar al campesino como guardián de la naturaleza por su trabajo de reforestación, cuidado de cuencas y recuperación de suelos, desligando parte de su ingreso de la volatilidad del precio de cosecha.
4. El cuarto muro: la ciudad y la siguiente generación. Lograr el reto del empalme generacional a través de la transmisión de las fincas empoderadas.
El laberinto no termina en la finca. La cooperativa conecta esa producción con la mujer tendera de los barrios urbanos —las ANITAs— mediante abastecimiento directo sin intermediación, ayudando a contener la inflación de la canasta familiar; y con los hijos de esas familias campesinas y tenderas, que encuentran en el SENA, CAMPESENA y los FabLab rurales una salida profesional que antes solo ofrecía la migración a la ciudad.
Y como contrapartida a la inversión que MUSA trae a cada municipio, se exige del alcalde un compromiso simétrico: una política cultural municipal real, que reconozca la identidad campesina y cooperativista como patrimonio vivo, no solo la infraestructura productiva.
5. La salida del laberinto gracias a la juntanza.
Ninguna de estas piezas funciona aislada. La reforma agraria colombiana ha demostrado que redistribuir la tierra tierra fértil sin acompañamiento productivo, institucional, comercial y climático deja al campesino perdido entre buenas intenciones y trámites.
La cooperativa MUSA no reemplaza al Estado ni a la Agencia Nacional de Tierras.
Con la Planificación Agroecologica y agroindustrial de la Cooperativa, ofrece ser el acompañante local que ayuda a convertir cada título de propiedad entregado en un compromiso productivo, un proyecto de vida sostenible, articulado con el Plan Decenal de la Reforma Agraria 2026-2036 y con el Sinradr, el PNDIS para que el pequeño campesino no tenga que recorrer solo el laberinto de la Reforma Agraria Integral.
En conclusión, el laberinto de la Reforma Agraria Integral no se resuelve con un solo hilo conductor, sino con una arquitectura que acompañe al campesino en cada uno de sus muros: la tierra sin capacidad productiva, la institucionalidad fragmentada, el mercado concentrado y la desconexión entre el campo y la ciudad. Las cooperativas MUSA no pretenden sustituir al Estado en su tarea de redistribuir y formalizar tierra —esa es, y debe seguir siendo, responsabilidad de la Agencia Nacional de Tierras y del Sistema Nacional de Reforma Agraria—.
Su aporte es distinto y complementario: ofrecer la estructura productiva, comercial con la solvencia a escala, institucional y cultural que convierte un título de propiedad en un proyecto de vida viable.
Donde el Estado titula, la cooperativa organiza.
Donde el mercado margina al pequeño productor, la cooperativa federa. Donde el cambio climático amenaza, la cooperativa remunera el cuidado del territorio. Y donde la migración rural amenaza con vaciar el campo de su próxima generación, la cooperativa abre camino a los hijos de cultivadores y tenderas hacia una agroindustria que también puede ser suya.
El éxito de la Reforma Agraria Integral en Colombia no se medirá solo en hectáreas tituladas, sino en cuántas de esas hectáreas terminan produciendo, generando ingreso estable y arraigo territorial diez o quince años después. Ese es exactamente el horizonte en el que se inscribe el Modelo MUSA.
En lugar de una promesa aislada, queremos que las infraestructuras cooperativas sean capaces de sostener los emprendimientos solidarios y lucrativos en el tiempo, lo que el Plan Decenal 2026-2036 se propone lograr.
Acompañar al pequeño campesino microfundista a salir del laberinto es entregar las tierras implementando los Acuerdos de Paz y darles la capacidad de decidir sobre ella, con transición agroecologica a fin de producir de manera sostenible con dignidad y de proyectar su futuro con el de sus hijos sobre bases propias. La única forma para que ellos acepten el compromiso productivo y regenerativo del oficio cultivador en pro de la soberanía y seguridad alimentaria de Colombia.

Julián Constant
es un empresario del Agenda 2030 (ONU), cofundador del bufete de ingeniería de (bio)economía circular INTERECOTEC. Nieto de campesinos, oriundo de un valle cooperativista del río Garona (Sur de Francia), ofrece aportar su experiencia emprendedora de la economía circular solidaria coordinando el equipo multidisciplinario de CORPOBANANO para impulsar el cooperativismo campesino a fin de completar la reforma agraria y la soberanía alimentaria colombianas.
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